15/10/10

MUERTE A LA INDUSTRIA MUSICAL. apuntes para entender la estafa (texto aparecido en Crudo soy zine número 3)

Para hablar de este tema necesito aclarar que mi óptica personal sobre definiciones como “arte” y “música” es de total oposición. Para mí, estilos como el hardcore punk y otros sonidos de ruido mas extremo son, como lo digo, ruido.

La música y el arte en general son mercancias fabricadas y sobreestimadas como actividades para “iluminados” con talento a quienes hay que idolatrar.


Esto fue visto desde hace ya varios años por un grupo de gente interesada en envasar aquello que antes fuera un hecho vivo y directo, y que tuviera una importante carga social al ser un medio de propagar y expresar la identidad de quienes tocaban y escuchaban, es decir, la música ha sido siempre y desde tiempos inmemoriales patrimonio de aquellos que tienen algo que decir y por medio de la industria musical esto fue trivializado y convertido en espectáculo y puesto en manos de la economía capitalista para que, con la lógica del dinero y la idiotización, fuera convertida en un negocio rentable en donde no han estado ausentes el monopolio, los manejos poco éticos, el desprecio por los consumidores y, más que nada, una montonera de artistas basura hechos estrellas y vistos caer tan rápido como se hicieron famosos.


Quien se sienta identificado con los mundos de música y vida mas subterráneos y callejeros – que son a los que este zine intenta abarcar- estará de acuerdo conmigo en que la industria musical y sus manejos son el principal motivo por el cual estas expresiones (punk, hadcore, rock y hip- hop, entre otros) han ido perdiendo su identidad para ser absorbidas y rearmadas bajo nuevos parámetros y para generaciones totalmente amoldadas al mundo del consumo y la mercancía. Es por esto que ya no surgen movimientos juveniles rupturistas, hoy todas las expresiones juveniles y adolescentes son estúpidas y vacías, netamente estéticas y dependientes de lo que imponga el mundo del comercio musical. En realidad las cosas no difieren mucho de lo que era treinta o cuarenta años atrás, pero por aquellos viejos tiempos había algún movimiento que proponía hacer las cosas por uno mismo.



La actualidad del mundo juvenil (en cuanto a música e ideas) es lamentable. La industria ha absorbido muchos estilos que antes tenían cierta carga de crítica social, de proposición lírica o de naturaleza proletaria y las ha convertido en música para adolescentes idiotas que no comprenden la vida de otro modo que no sea atado a Internet, MTV o las tecnologías de exposición social y de control.


Cuando en los 80 la música new wave anunciaba que el punk había muerto, y la prensa musical se atrevía desfachatadamente a determinar que el punk nacía con “anarchy in the UK” y moría con la experimentación musical de The Clash, nadie nunca en el mundo de la farándula amarillista de la música advirtió que habían en Europa cientos, miles de bandas que seguían lanzando discos por sus propios medios o por los sellos de sus amigos. Muchos periodistas del “show bizz” actual (y muchos idiotas que fueron punks también) hablan del punk como un hecho del pasado… estos tipos no tienen ni la mas mínima idea de lo que hablan, sus conjeturas las leyeron de lo que la industria musical dictó años atrás y que se escribía en una Rolling Stones o Bilboard.


Después de que el “Hazlo tu mismo” fuera entendido como la negación de la dependencia de la industria, su influencia viajó poco a poco, y por propia necesidad, a otros estilos musicales quizás no tan interesados en hacer denuncia social o provocar odio hacia la sociedad; de a poco su funcionamiento se fue especializando y hoy también tenemos sellos supuestamente independientes con delirios de grandeza que hacen la contraparte a la industria pero intentando funcionar como ella y meterse en sus circuitos. Su ilusa pretensión tarde o temprano les traerá como resultado verse desaparecidos, subsidiados o simplemente robados por los magnates del mundo discográfico.


Si bien en estos tiempos los medios de distribución han ido cambiando, y con el apoyo de nuevas tecnologías muchos grupos han ido dejando de lado los dispositivos físicos para reproducir y promocionar su música, esto no quiere decir que el mundo underground esté dispuesto a hacerlo. Nuestra música y formas de expresión están relacionadas a algo tangible y real, por lo que veo difícil que los formatos clásicos de reproducción desaparezcan a pesar de la facilidad que ofrece Internet y otros dispositivos.


Escribiendo la historia del timo.


A inicios del siglo pasado las tecnologías nacientes de reproducción estaban en pañales y reservadas sólo para música subsidiada por los estados, es decir, sólo se editaban marchas militares y folklore de tipo nacionalista. Estas fueron las primeras experiencias de reproducción sonora de tipo casero.


Ya para 1910 se funda en Inglaterra Columbia records, pero no es hasta fines de los 60 , tras la estabilidad económica post guerra, cuando Clive Davis, un abogado que de a poco fue escalando puestos en la empresa llegó a ser director de esta compañía, naciendo así los primeros manejos monopólicos tras el “Festival de Monterrey” en donde tocaron grupos no fichados o pertenecientes a discográficas independientes. Estas últimas vendieron a Davis sus artistas mejor perfilados por la necesidad monetaria. Así fue como compraron a Janis Joplin de la BBHC (Big Brother and Holding Company). En los 70 ante la falta de estrellas le quitaron a Capitol Records los derechos sobre la música de Pink Floyd, esto tras el avasallamiento y la presión económica. Aunque claro, los manejos dudosos de la compañía – una de las mas conservadoras- les llevaron a caer cuando descubrieron que sus artistas eran una manga de drogadictos.


A Davis le siguió otro abogado: Walter Yetnikoff, otro personaje que no tenía idea alguna de música (cosa de la cual se vanagloriaba). Esto fue en 1979, cuando moría la onda disco y las tiendas les devolvían vinilos por montón. Fue gracias a Bruce Springteen y Michael Jackson que Columbia logró mantenerse en pie, lo que no duró mucho y así fue como su historia terminó en las manos de Sony.


En el año 1963, un 61% de los Lps no registraban beneficio alguno. En el 65 un LP pagaba sus propios gastos tras vender casi 8.000 copias, y en 1975 esto tuvo que subir a 61.000 copias para que un disco recién pudiera retribuir sus gastos originales.



Tantas perdidas se explicaban muy fácilmente: 77% de los discos producidos eran tan mediocres que no se pagaban a sí mismos, esto se sumaba a los costos de grabación exorbitantes, debido a la paga de estudios de grabación por meses e incluso años, y los gastos de marketing eran ridículos por intentar vender lo invendible. Sumémosle además la vida de lujo que debían pagarle a sus estrellas, sin olvidar el desprecio por los consumidores; ¿por qué?, pues porque pensaban que iban a vender cualquier porquería que grabaran

Las compañías programaban la radio y Tv a punta de dólares, y las tiendas mas grandes pertenecían a las mismas compañías, manejando desde la grabación hasta la distribución. Así fue como las pequeñas tiendas de música – que abundaban en los 60- fueron desapareciendo por la reducción de alternativas para conseguir discos que vender, encareciendo todo y llevándoles a desparecer.

Con esto aun el negocio generaba perdidas, y se mantenía gracias al nacimiento progresivo de un “Target Group” que les mantuvo vigentes por bastante tiempo.


El “Baby boom”


En 1945 terminaba la 2da guerra mundial con Estados Unidos convertido en la principal potencia mundial, un buen momento para empezar a tener hijos y armar familia sin miedo. Esto se tradujo que en 1960 la población adolescente aumentara en 500.000 personas más que en 1955. Hasta 1965 este grupo creció a 700.000, y ya para 1970 se sumarían 500.000 más. En ese cuarto de siglo la industria tuvo la oportunidad de hacerse rico, pero por su falta de inteligencia no lo aprovecharon.


Para inicios de los 50 la industria mantenía a las radios en un régimen de prohibición de emitir música para mayores de edad a pesar de que este grupo etáreo era el que manejaba el dinero. Se pensaba que era una sabia decisión debido al creciente número de adolescentes, cosa que se mantuvo como táctica comercial durante muchos años más.


A todo este predominio comercial del público adolescente se le llamó “Baby boom” y afectó a la gran mayoría de los países occidentales. Era necesario construir más escuelas, nuevos hogares, nuevas formas de prevención sexual, entre otras medidas. A nivel de compañías fonográficas, esto hizo que se reemplazaran los compositores musicales por los cazadores de talentos. Con esto el arrivismo de muchos hizo que la industria musical plagara sus puestos de mando con gente que poco o nada entendía de música, sino más bien de leyes mercantiles, judiciales o contabilidad.


El funcionamiento de la industria es fácil: cuando se quiere acaparar mercado se usa la influencia comercial para bajar los precios de manera que las compañías mas pequeñas no puedan competir con esto, y así, en la ruina, se les compra.


Cuando llegó la música disco las compañías intentaron tratar de comprarse entre ellas, así la competencia hizo que se produjeran tantos discos que los gastos en producción y marketing hicieron que el dinero invertido no pudiera nunca retribuirse, por lo que entre tanta competencia los únicos que mantenían en pie a la industria eran artistas de la talla de Madonna, Prince o Michael Jackson, y aun así estos mismos representaban riesgo económico por ser ellos quienes mantenían en pie a sus respectivas compañías al tratar de pagar los gastos de aquellos que no valían ni un peso. Se necesitaban nuevos artistas, baratos y que por milagro fueran exitosos, o algún suceso que modificara el negocio para hacerlo rentable.


El monopolio del Compact Disc.


Para 1983 las ventas de vinilos, cassetes y sus respectivos reproductores eran básicamente estables, sin altibajos. Era necesario darle nuevos bríos a la industria, pero los artistas eran tan desechables que nada garantizaban.


Los 80’s son recordados por el auge pop y post onda disco, pero daba el hecho de que los sellos no lograban sacar uno o dos singles de cada artista que fichaban, y aun así se daban el gusto de firmar a cualquier mediocre que les presentara una canción medianamente vendible. Era necesario un nuevo ángulo entre tanta mediocridad, una nueva forma de hacer dinero que no significara tener que seguir fichando bandas o cantantes que no valían en honorarios lo que la compañía pagaba por ellas. De esta forma la Phillips (dueña de Polygram e Island Recs.) ideó la forma de que la gente se interesara nuevamente en comprar música mediante una completa renovación del formato y del medio para reproducirlo. La idea era que quién hubiera vivido el “baby boom” a plenitud se interesara en comprar nuevamente aquel disco favorito que antes tenía en vinilo. Así nace el Compact Disc (CD), un formato digital más cómodo y notoriamente más tecnológico, con una duración de 75 minutos (tiempo justo para reproducir sin cortes la 9 sinfonía de Beethoven, canción preferida del presidente de la compañía en aquel tiempo). Aun con esto el CD no tuvo éxito. No se podía esperar que el cambio de formato tan repentino fuera aceptado por la población de buenas a primeras. Además su precio era demasiado alto debido a las supuestas sutilezas tecnológicas del formato y a las constantes fallas de fabricación desde la planta japonesa que hacía tener que desechar uno de tres discos por fallas de fabricación antes de salir de las plantas.


En un principio el aspecto económico llevó a la industria a tomar una decisión de consenso para continuar pagando a los artistas el mismo royalty que se les daba con el vinilo. Aun así nadie compraba ni el Cd ni el reproductor de tal por lo extremadamente caros que eran.


En 1989, como por arte de magia y de un día para otro, todas las tiendas vendían CDs y ya nadie podía conseguir discos de vinilos y los insumos para la reproducción de estos habían elevado sus precios considerablemente. Muchos especularon con la idea de que el público se había adecuado a la idea de esta nueva tecnología y que habían entendido sus beneficios, nada más lejos de la realidad. Lo que realmente motivó este repentino cambio fue la presión de las distribuidoras de discos (pertenecientes a las compañías) que anunciaron el fin del sistema de venta concesionada a las tiendas ( las tiendas podían comprar discos con la facilidad de que pudieran devolver aquellos que no se vendieran) al mismo tiempo que descatalogaron sus títulos mas importantes en vinilo.


Así las tiendas fueron obligadas a aceptar este cambio de formato, si no corrían el riesgo de quedarse con miles de copias de aquello que no pudieran vender. El CD fue metido a la fuerza en el mercado.


Una vez que el CD ya había sido introducido y que las compañías contaban con sus propias plantas de prensaje los precios empezaron a abaratarse sobre todo porque las fallas en la fabricación disminuyeron en su totalidad. Aun así los precios de venta del CD no bajaron, al contrario, sus precios han ido subiendo constantemente, incluso las pagas a los músicos no fueron nunca modificadas.


En dólares un Cd completo (carátula, caja y disco) no supera 1U$, pero la industria convenció a todos los consumidores de que el precio tentativo es el que tenemos que pagar hoy en día por los discos, incluso los mismos artistas, principales detractores de la piratería reciben pagas equivalentes a los precios de venta de vinilos y no de Cds (en Chile las bandas reciben unos 300 pesos por venta de cada CD), y esto sin contar que Phillips posee los derechos de reproducción y copia de los discos. Con esto, sumándole a que todos tuvieron que comprar nuevos aparatos de radio para tocar estos Cds, la industria tuvo su aumento en las ventas.


Está muy claro que todos estos detalles nunca salieron a la luz pues son las compañías quienes hacen estos informes.


Hasta el año 2000 la industria vivió días de bonanza económica, pero por aquel tiempo cometieron su último gran error.


Napster, la estupidez de la avaricia y los nuevos soportes de promoción.


Tras el aumento mundial del uso de Internet, a finales de los 90 el mundo empezaba a conocer los nuevos formatos para oír música. El MP3 era la nueva novedad, y Napster se perfilaba como el programa de descargas más usado entre los usuarios. Esto fue visto como una amenaza para la industria y así fue como en 1999 Napster fue demandado por violar los derechos de autor (Phillips convenció a Metallica, banda fichada por Polygram, de que las descargas por Internet producían perdidas en la venta de sus discos), aun así en el año 2001 Napster alcanzó su máxima afluencia de usuarios, pero en julio del mismo año un juez ordenó el cierre de la compañía, un triunfo ilusorio pues esto dio paso a que otros programas mas pequeños y mas difíciles de controlar se hicieran conocidos (Kazaa, Soulseek, Ares, Audiogalaxy, etc.). En julio del año 2000 se reunieron en Sun Valley representantes de diversas discográficas con accionistas de Napster, la idea era llegar a un acuerdo. Napster ofrecía separar las ganancias a la mitad y proponiendo que los usuarios (que ya habían sido encuestados) aceptaran pagar una suma modesta de dinero por los derechos de autor. La industria se negó tajantemente, querían más del 90% de las ganancias, el acuerdo no se aceptó y Napster cerró sus funciones.


Las compañías, de haber sido mas inteligentes hubieran podido participar de un negocio que hoy es totalmente exitoso, sobre todo porque años mas tarde la Apple se introduciría en el mercado con I tunes y el I pod, permitiendo así la universalización de las descargas de música y películas gratis.


Informes del año 2008 indican que el consumo de formatos físicos descendió en un 12%, reduciendo sus ganancias a un tercio menos de lo que recibían las compañías a principios de este siglo.


Aun con esto los distintos soportes de promoción han hecho posible vender cualquier bazofia como si fuera un producto de calidad. No es raro ver a cantantes afeminados en sus video clips rodeados de mujeres y jugando a macho conquistador, esa es la función del video clip, vender cualquier cosa aunque haya que modificarla por completo.


Un video clip con los gastos que acarrea no es capaz de hacer recuperar lo que se gastó, se trata de promocionar un Lp entero con uno o dos singles, y el gasto puesto en esto es impresionante. Solo en los USA los artistas mas mediocres tienen presupuestos de grabación de entre 3 a 5 millones de dólares, a veces alcanza los 10 millones.


Pero la gran empresa no es la única metida en este negocio, o al menos en su base. Son pocos los sellos realmente independientes que mantienen una línea real. Es común que si un sello pequeño se mete en los canales de los más grandes termine siendo engullida por estos. El terreno de estos sellos mas chicos está dedicado a un mundillo en especial que por lo general no representa interés para los mas grandes; pero cuando las independientes han ganado un terreno especifico y van creciendo terminan siendo compradas, ahí tenemos el ejemplo de Epitaph en USA o Caroline en UK compradas por Sony, principal monstruo discográfico.


Las diferencias entre un sello independiente y uno multinacional están separados por una distancia milimétrica y basta que una independiente logre cierto éxito para que termine siendo devorada.


Es así como las diferencias entre uno y otro están marcadas por las visiones de manejo, ya que da lo mismo el material que se edite.


Un sello independiente real es aquel que nace por el interés de difundir sus trabajos por canales alternativos y lejos de los parámetros comerciales, aquellas llamadas independientes que busquen funcionar como un sello multinacional son sólo otra parte de las varias aristas que posee este negocio, un negocio vacío de contenido y asqueroso.


Crudo soy zine


Las compañias de las que hablamos son: Sony Entertainment Company (japonesa, absorbió a CBS o Columbia Recs.), Capital EMI (de la Thorn EMI, británica), MCA Records (subsidiaria de Corporación eléctrica Matshushita, japonesa), Polygram (Philips Electronics, holandesa) y BMG ( Bertelsmann, alemana). Algunas de estas compañías registran al año cantidades iguales a la ganancia en el mismo periodo de varios países juntos. Así mismo subsidian radioemisoras, canales de TV, prensa, revistas, fábricas de cintas y discos, dvds., etc.



A esto se suma su incursión en la industria militar subsidiando y perfeccionando tecnología bélica, promoviendo e investigando sistemas digitales de seguridad, espionaje, bancos de datos informáticos y equipo médico en experimentación con animales.



Es por eso que la pateticidad de rockeros tipo U2, Coldplay, Jamiroquay, Pink, etc está demostrada por algo mas allá de su música, que es que las ventas de sus éxitos contribuyen a apoyar aquello que ellos mismos critican. Si son muy aweonaos…









1 comentario:

Murcielago dijo...

Buena entrada, fue muy informativa. Y dio mas en el blanco, al tema de musica comercial.